domingo, 14 de octubre de 2007

VIRIATO e identidad viernes, 12 de enero de 2007

VIRIATO e identidad

viernes, 12 de enero de 2007

Francisco Iglesias Carreño


Celebrar el DÍA DE VIRIATO en la fecha del 12-enero de cada año en la ciudad de Zamora, no supone solo, con serlo, el conmemorar la feliz inauguración de su estatua en aquel momento del 12-1-1904., ubicada en la Plaza que hoy día vigilan/adornan la Diputación y el Parador, supone también, el enlazar con las raíces de Zamora, de lo Zamorano y de los zamoranos y zamoranas.

Cuando tremolamos la Seña Bermeja ya asumimos que las ocho franjas rojas significan las victorias de Viriato sobre los cónsules/generales del Imperio Romano, por que tenemos interiorizado, incluso desde la infancia, ese “Terror Romanorum” que, tan explicito, sitúo el ciudadano Barrón (D. Eduardo) en su famosa estatua, y con ello, aun si quererlo, viajamos hacia las señas identitarias de lo zamorano.

En ese viaje al pasado de Zamora, de lo zamorano, que avanzamos junto a Viriato (por medio de la contemplación/vivencia/recuerdo con su estatua), ya sabemos que nos hacemos miembros de una comunidad prerromana ( los lusitanos) y, por la tanto, en hermanad con ellos participamos de tales raíces originarias, y lo hacemos al mismo tiempo que asumimos la romanización

Viriato es la raíz lusitana que, en Zamora y desde su origen en Sayago, contribuye a nuestra conformación antropológica, y entendemos que es bueno, puede que incluso oportuno, hacer uso de tal ambiente que viene de lejos , que distingue y precisa el Oeste peninsular.

Puede que una comida (¿o fue comilona?), como la que efectuaron los que sí quisieron amplias solemnidades para la inauguración de la estatua de Viriato en 1904, este en consonancia a lo que debe ser nuestra celebración del DÍA DE VIRIATO los 12-enero de cada año, pero incluso unas nutritivas sopas de ajo pueden hacer los honores, la cuestión es que en este momento “nuestro Viriato”, por que verdad es que es nuestro y no solo por la Estatua cedida por el Estado, se encuentre arropado por ese calor social/cultural/identitario de los suyos.

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